Por La Facha Pobre


“No podemos ni debemos permitir que en Chile existan las denuncias falsas. Ni que avance el delirio sórdido de aquellos progenitores que utilizan a un menor para acusar falsamente a uno de sus padres”, sostuvo el diputado Urriticoechea al ingresar, junto a otros, un proyecto de ley para sancionar las falsas denuncias de abuso sexual y reparar a los acusados.

Es un avance, claro está, quienes hemos tenido la desgracia de sufrir de cerca el “funcionamiento” de tribunales de familia, sabemos que es urgente tomar medidas para frenar la rampante instrumentalización de los procesos para proteger a las verdaderas víctimas de abuso, así como las víctimas de denuncias falsas. Sin embargo, no es suficiente y contaré mi historia, que es la de muchos para ilustrar este punto.

Cuando empecé mi relación con mi ahora marido, ambos teníamos hijos de matrimonios que habían terminado hace varios años.  Todo iba bien… hasta que la ex se enteró.  Los detalles varían, pero es una historia repetida: los celos naturales de los niños, transformados en pasión animal en mentes que aún no saben procesar emociones por una mujer despechada y resentida al verse desplazada del que creía “su lugar”.  Pronto las visitas de los niños se suspendieron y una relación, anteriormente amorosa se volvió un espacio de recriminación de un abandono que no era tal.

Como no lograba que mi marido se convirtiera en el conveniente cajero automático que no molesta, no pregunta, no cría, los dardos se dirigieron a mí: sin haber tenido una sola interacción negativa con sus hijos, me vi envuelta en el juicio de visitas, acusada en múltiples instancias por la madre directamente, y por la madre a través de sus hijos, de malos tratos.  Acusaciones siempre vagas, sin sustancia que, tras años de juicios, abogados, peritajes, visitas de asistentes sociales, sirvieron de excusa para dejar a mi marido con un régimen de visitas a la medida de la madre… que hasta el día de hoy se niega a cumplir.

Si bien es cierto que en nuestro caso se utilizó “sólo” una vaga denuncia de mis supuestos “malos tratos”, las consecuencias  no son menos reales.  Al dolor de mi marido por verse alejado de sus hijos, se suma el estrés al que fuimos sometidos por años de pelear por el derecho a visitas (de los niños y del padre).  En tribunales, la palabra de la madre y aún de niños que, según los mismos peritajes ordenados por ellos, mostraban la triangulación y la repetición del discurso materno, es ley.

Las madres sanas sabemos encausar y ayudar a nuestros hijos a poner las emociones en contexto y les enseñamos a no ser dominados por ellas, las madres tóxicas avivan los fuegos y dolores  en el alma de sus hijos, supongo que con la esperanza de armar con las cenizas algo parecido a su propia imagen.  Personas que aman más su ego que a sus hijos ha habido siempre, pero es hora de que las jueces de familia, porque el 74,7% son mujeres, dejen de facilitarles las armas para destruir a sus propios hijos y su entorno.

.

28 enero, 2025 

 

 

 

 

 

por Cardenal Fernando Chomali


Atenta gravemente en contra de la posibilidad de formar la conciencia moral la consolidada práctica de hacer creer que la opinión de la mayoría, que en general se suele imponer por la fuerza o por sofisticadas técnicas de marketing, es la garantía de lo que es bueno o malo.


La filosofía es la única vía posible para cuestionar, con un adecuado espíritu crítico, la sobredimensionada esperanza del hombre en las ciencias exactas, que en la práctica no ha dado respuestas a las grandes inquietudes que anidan en el corazón humano.

Dicho de otro modo, la filosofía puede encauzar de modo adecuado la legítima autonomía de la búsqueda del hombre en todos los ámbitos de su ser poniéndola en su contexto de imparcialidad y así evitar que sus resultados tengan pretensiones totalizantes.

¿Acaso no percibimos un marcado acento científico de corte materialista en la formación de los jóvenes relegando a un segundo plano otras expresiones del espíritu humano vinculadas a las artes, la filosofía, la teología que lo retratan con tanta belleza y en toda su potencialidad?

La trilogía libertad, verdad y bien, adecuadamente articulada, es la única que está en condiciones de formar la conciencia moral. Si se disocia, deja de ser posible postular una auténtica libertad en la toma de decisiones, pues la libertad ya no está dirigida a ningún objeto consistente sino que sólo al capricho o al interés. Atenta gravemente en contra de esta posibilidad de formar la conciencia moral la consolidada práctica de hacer creer que la opinión de la mayoría, que en general se suele imponer por la fuerza o por sofisticadas técnicas de marketing, es la garantía de lo que es bueno o malo, despojando de todo valor al acto exquisito y propiamente humano de buscar la verdad y hacerla propia en el vivir y en el actuar.

Ser verdaderamente libre es querer hacer lo que se debe hacer y reconocer como una exigencia ética el hacer este deber hacer. La libertad adquiere su máxima densidad cuando es entrega de lo mejor de sí en el amor.

El hombre plenamente libre hace de su vida un don sincero de sí mismo a los demás. Ese es el test más prístino de una conciencia moral recta, porque amar es ser fiel a lo que el hombre es.

Además, quien busca sinceramente la verdad y el bien, no cabe duda de que está preguntando por Dios, dado que Él es la verdad y el Supremo Bien. Desde este punto de vista la crisis ética actual está asociada al proceso de secularización entendido como el deseo de desvincularse de Dios o vivir como si no existiera. Desde este punto de vista la mirada del creyente resulta de gran valor puesto que en la persona de Jesucristo se encuentra no sólo la respuesta a la pregunta acerca del ser del hombre, sino que además se le abre una respuesta impregnada de belleza a la pregunta acerca del sentido de su vida, la que lleva grabada una dimensión ética, no en cuanto imposición de normas, sino en cuanto llamado a la fidelidad a su ser, a los otros y a la historia.

Conocer la verdad es posible en virtud de una premisa cardinal de toda la argumentación: la realidad posee una verdad y una consistencia propia, y el hombre puede conocerla. Evidentemente estos presupuestos traslucen una mirada positiva del hombre, de su inserción en el mundo y del futuro.

Al mismo tiempo, esta ética del bien que se funda en verdades objetivas que emanan de la misma naturaleza, lleva también al hombre a una forma de vida menos centrada en sí mismo y más centrada en los demás; una vida de mayor sabiduría, en que la prudencia es optar por lo correcto aunque no me favorezca de modo inmediato, y en la que florezcan todas aquellas virtudes que extraen lo más bello de la condición humana.

Fuente: https://ellibero.cl/tribuna/la-lectura-filosofica-ante-los-problemas-que-nos-aquejan/

.

 

 

 

 

 

 

Cristián Warnken


 “Sí, tiene razón el Presidente: el anticomunismo de muchos de nosotros a estas alturas es visceral: nace de una reacción muy íntima cuando los individuos sienten que puede estar en juego su sagrada libertad. Es casi un mecanismo de defensa a las pulsiones totalitarias, a las prácticas totalitarias (el asesinato por encargo, por ejemplo)”.


El Presidente de la República ha preferido centrar su atención -en uno de sus últimos posteos en X- en el anticomunismo visceral, que según él, hoy padecemos, a decir algo -un juicio moral, al menos, una señal de mínima empatía- sobre un crimen abyecto y siniestro a un disidente de la dictadura de Maduro, ocurrido en nuestro propio país.

Un asesinato precedido de una desaparición y cuyo móvil final está todavía lejos de ser esclarecido, pero que ha levantado voces de alerta, por el alto profesionalismo demostrado en el secuestro, sobre la posible presencia de la contrainteligencia venezolana en Chile.

Según nuestro Presidente, Chile no está enfermo de violencia, narcotráfico, ni está en riesgo su soberanía, no, el problema que de verdad le preocupa y desvela es el anticomunismo. Después de esa desafortunada declaración (una más a las que nos tiene ya acostumbrados), ni tonta ni perezosa, la vocera del Gobierno y militante del Partido Comunista ha acusado a quienes han osado criticar a su Partido, de “haberse quedado pegados en la Guerra Fría”.

Quienes -y somos muchos- vemos con preocupación los vínculos entre el Partido Comunista y Venezuela- seríamos anticomunistas viscerales pegados en la Guerra Fría: tomemos nota.

El Presidente se ha sumado a la vieja práctica del PC de hacerse la víctima, cuando es blanco de las legítimas críticas surgidas por sus acciones y gestos condescendientes con dictaduras de nuestro continente.

Y, como guinda de la torta, el embajador de Venezuela ha participado el pasado domingo en un acto conmemorativo del mismo Partido Comunista y sólo nos falta que este sea condecorado por un Partido que no ha dudado en hacerle venias a un régimen totalitario que ha provocado la peor catástrofe humanitaria de nuestro continente, con millones de venezolanos huyendo de la miseria y la tiranía.

Pero no, señores. Antes que preocuparse por la soberanía de Chile y de que en Chile se hagan desaparecer disidentes de dictaduras, lo que de verdad debe preocuparnos es el anticomunismo visceral. El Presidente debería saber que la inmensa mayoría de los chilenos padece hoy ese anticomunismo visceral y que ese anticomunismo visceral ayudó a que él mismo le ganara la primaria de su sector a un precandidato presidencial comunista. ¡Y hay que ver de lo que no hemos salvado gracias a ese anticomunismo visceral!

Qué bueno que un pueblo como el nuestro padezca de esa enfermedad contagiosa: si el pueblo venezolano o el pueblo cubano se hubieran enfermado de ella, no estarían hoy en el abismo en que están, reducidos a la indignidad, sin pan (en Cuba hoy día falta pan) y sin libertad. Porque el comunismo en nuestro continente ni siquiera ha podido ofrecer, al menos, el pan a cambio de la libertad, sino que le ha quitado ambas a los pueblos que, ilusos, se dejaron embrujar por las promesas de un paraíso en la tierra.

Cuesta creer que un Partido se enorgullezca de seguir llamándose Comunista, después de los millones de muertos, de los Gulags, después de Pol Pot, de Stalin, y también de Lenin y de Corea del Norte. Un Partido cuyos militantes gozan de todas las libertades y derechos propios de una democracia como la nuestra, derechos a los que no tienen derecho, en cambio, los ciudadanos que viven en Cuba, Nicaragua y Venezuela. No importa: ellos son ciudadanos de segunda.

Un Partido que enarbola la causa de los derechos humanos, pero para el cual no existen violaciones de derechos humanos en los países donde gobiernan sus dictadores “amigos”. No importa: las víctimas sólo están en un lado, el propio.

Cuando era niño, escuché este viejo dicho: “Cuando llueve en Moscú, los comunistas salen con paraguas a la calle”. Hoy debiera ser adaptado a los nuevos tiempos y decir: “Cuando el periódico Gramma (el único diario permitido en Cuba) da instrucciones estratégicas, el secretario general del Partido Comunista chileno sale a hacer declaraciones que riman con esas instrucciones estratégicas”.

Porque este es un Partido Comunista que se cubanizó y que también se chavizó. Y por eso la vulnerabilidad de Chile es hoy muy grande: tenemos un Partido de esas características, con fuerte presencia en el aparato del Estado, con cargos en el ministerio de Defensa, a cargo de la Educación, con asesores del Ministerio del Interior que viajan periódicamente a Cuba (¿de vacaciones o a reportarse al “Gran Hermano”?) o sea, al parecer:  tenemos al enemigo adentro.

Este ha sido un Partido siempre dispuesto a tener un pie en la calle (y los dos si es necesario, como fue en octubre del 2019), un Partido para la cual la democracia no es el fin, sino el medio, un Partido que quiso deconstruir y refundar la nación chilena en una Convención en la que tuvo un rol protagónico, un Partido que privilegia sus intereses internacionales o bolivarianos por sobre los intereses de Chile, un Partido que tiene un ascendiente sobre el Presidente de la República que sorprende y preocupa (no sabemos bien si le teme o le admira), un Partido cuyo secretario general sale a decir “que no hay nada que diga que esto tiene que ver con una intromisión de Venezuela” cuando apenas se está en el comienzo de una investigación compleja. ¿No hay nada? ¿Acaso el dictador Maduro no ha ordenado ya antes secuestros a disidentes de su régimen, en otros países?

Como puede verse, este un Partido que sale a defender los intereses de Venezuela antes que el embajador de Venezuela. Un Partido que cultiva la impasividad y el desparpajo, según sea necesario a sus intereses. Que usa el lenguaje a su antojo como lo hacía Lenin, quien enseñó los secretos de la propaganda para instalar mentiras y ocultar verdades. Un Partido que funa y cancela a los que piensan distinto ahí donde tiene poder (universidades, sindicatos, etc.). Un Partido del que sabemos poco y debiéramos empezar a saber más, o caeremos en la ingenuidad de aquellas naciones que no estuvieron alerta cuando había que estarlo y se dieron cuenta de la trampa cuando ya era demasiado tarde.

Sí, tiene razón el Presidente: el anticomunismo de muchos de nosotros a estas alturas es visceral: nace de una reacción muy íntima cuando los individuos sienten que puede estar en juego su sagrada libertad. Es casi un mecanismo de defensa a las pulsiones totalitarias, a las prácticas totalitarias (el asesinato por encargo, por ejemplo), una reacción instintiva que surge en nosotros ante todo tipo de totalitarismos o fanatismos, fascistas, comunistas o de cualquier signo.

El asesinato del exteniente Ojeda ha levantado todas las alarmas y debiera activar nuestra inmunidad antitotalitaria. Eso es signo de sanidad republicana. El anticomunismo visceral tiene fundamentos en la realidad, no es una respuesta caprichosa y sectaria ante un Partido inocente, con impecables credenciales democráticas, no es una pataleta de derechistas intransigentes, significa que el país todavía guarda reservas morales y políticas.

¡Por eso, anticomunistas viscerales de Chile, uníos! Antes de que sea demasiado tarde.

Los saluda, Cristián Warnken.

 

Fuente: https://www.pauta.cl/actualidad/2024/03/05/carta-de-cristian-warnken-a-los-anticomunistas-viscerales-de-chile.html

.

Subcategorías