Gonzalo Ibáñez Santamaría


Se nos ha repetido hasta la saciedad que el gobierno militar entre 1973 y 1990 fue una “dictadura” donde los chilenos no gozábamos de las libertades básicas y nos veíamos entregados a un gobierno arbitrario y despótico que se solazaba violentando los derechos humanos de unos y de otros. En cambio que, a partir de 1990, recuperamos para nuestro país la democracia como un régimen de libertades, de respeto a los derechos humanos y en el cual los gobernantes están sujetos a la voluntad popular.

Es, desde luego, curioso que se mantenga esa acusación cuando el paso de un régimen al otro se hizo cuando los chilenos votamos mayoritariamente para que hubiera un cambio de gobierno. Y ello, sin ninguna violencia ni alteración del orden público. ¿Dónde estaba la dictadura? También se olvida que, si de una dictadura nos salvamos en 1973, fue de aquella que piadosamente se denominaba “del proletariado” y que, en realidad, era el peor régimen que podía caerle a un país.

Durante el gobierno militar hubo abusos de poder, pero la línea gruesa de su cometido fue por el respeto de las libertades personales y por el reforzamiento de una seguridad ciudadana que nos permitió a todos desarrollar nuestras vidas, ejercer nuestros trabajos y profesiones, formar nuestras familias y progresar como nunca antes se había progresado en la historia de Chile.

Después de 1990, el país entró en lo que se denomina la “democracia” y, si siguió progresando, fue porque se aplicaron los mismos principios estatuidos por el gobierno militar, pero, a la vez, se comenzó a cercenar las libertades ciudadanas y a descuidar la seguridad de las personas como base de todo orden político. Ello, hasta el punto en que estamos hoy en que, por la impericia de sucesivos gobiernos, el crecimiento se ha estancado y el orden público se ha debilitado de tal manera que la delincuencia campea con entera libertad por todo el territorio nacional. El asesinato del agricultor Rodrigo González y de su esposa Carolina Calleja son dramáticos ejemplos de que, ahora, vivimos bajo una auténtica dictadura, la de la delincuencia, que nos domina literalmente por el terror. Es decir que, por la vía denominada democracia hemos llegado a una atroz dictadura que se ensaña sin piedad con chilenas y chilenos; jóvenes, adultos o ancianos.

Chile requiere un cambio drástico en su conducción. Quienes ahora detentan el poder político son incapaces de ejercerlo con un mínimo de prudencia. Por eso, hemos vuelto a un escenario como el de 1973 antes del 11 de septiembre. Dios tenga piedad de nosotros y de Chile, nuestro país.

Fuente: https://web.facebook.com/gonzaloibanezsm

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