Gonzalo Ibáñez Santamaría


Hoy conmemoramos nuevamente lo que sucedió en un día como éste, pero en 2019: un estallido de violencia que, además, se prolongó hasta que sólo la aparición de la pandemia pudo aplacarlo casi seis meses después. Se ha dicho hasta el cansancio que ese estallido tuvo como causa las profundas desigualdades que el modelo económico aplicado durante 45 años había provocado en la población chilena. Pero, ese diagnóstico olvidó cuánto creció el país durante ese período, cuánto mejoró entonces el nivel de vida de los chilenos y cómo la pobreza descendió como nunca lo había hecho durante toda la historia del país. Más que un diagnóstico, fue un pretexto.

Sucedió, sin embargo, que el país fue ganado por una prédica demagógica de sectores extremistas que, si pudo imponerse, fue por el absoluto inmovilismo de que dio muestra la clase política, de uno u otro color, hasta entonces gobernante en el país. Esta clase había aprovechado el legado del gobierno militar, pero había abominado de este, hasta el punto de que la población se creyó el cuento del extremismo comunista: del legado también tenía que ser malo.

La irrealidad en que vivía esa clase quedó a la vista en lo que dijo días antes, el 9 de octubre, el entonces Presidente Piñera: que el país era un oasis en medio de la inestabilidad que demostraban los otros países del continente. Es decir, Piñera y toda la clase política vivían en medio de un ensueño mientras la prédica demagógica reclutaba adeptos a lo largo y ancho de todo el país.

Fue entonces que quedó a la vista cual era el objetivo del estallido: no solucionar problemas sociales sino simplemente desestabilizar el gobierno y provocar una revolución de corte marxista como aquella que entre 1970 y 1973 habían intentado llevar adelante Allende y su régimen. Cristián Larroulet, jefe del cuerpo de asesores de Piñera durante el gobierno de este, sostiene al respecto que "sin dudas se intentó hacer caer al presidente Piñera, pero él tuvo una fortaleza y un claro sentido de su responsabilidad republicana”. Que se le intentó botar quedó a la vista de todo el mundo, pero que la respuesta de Piñera haya sido la propia de un sentido de la responsabilidad republicana es, por decir lo menos, falso. Piñera, para salvar su régimen, junto a la clase política del momento, entregaron el país por la vía de entregar la constitución. Después de eso, no hubo más demandas sociales, sino que comenzó el trabajo para desmantelar la constitución y reemplazarla por el bodrio que conocimos. Gracias a Dios, entre tanto el país comenzaba a despertar como lo demostró el resultado del 4 de septiembre.

Como conclusión, podemos decir que dentro de las causas principales de ese estallido estuvo en primer lugar la falta de responsabilidad de la clase política de entonces para defender integralmente el modelo que tanto éxito trajo al país, lo cual exigía, en primer lugar, reconocer su origen en el gobierno militar anterior. Y, por otra parte, la cobardía del entonces presidente Piñera que junto con entregar la constitución condujo al sacrificio a Carabineros retirándoles el respaldo que le debía para el fiel cumplimiento de su misión. Chile, de la noche a la mañana, se quedó así sin constitución y sin una policía suficientemente empoderada para hacer frente a la subversión. Las consecuencias comenzaron a quedar a la vista de inmediato. Por eso, hoy recordamos especialmente a los carabineros que, durante este período, han perdido la vida defendiéndonos a la patria y a todos nosotros, los chilenos. Dios los tenga en su santo reino. Se lo merecen.

Fuente: https://www.facebook.com/gonzaloibanezsm

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