Gonzalo Ibáñez Santamaría


Hace unos días, la coalición de partidos agrupados en el Frente Amplio, decidió retirar su apoyo a una candidata independiente a la alcaldía de Concepción, porque ella, a pesar de estar de acuerdo con el aborto en tres causales, no lo está con una legislación que lo autorice sin restricciones. Esto desató las iras de ese conglomerado político que se apresuró entonces a revestirse de un ropaje de feminismo para alegar que los derechos de las mujeres exigen esa autorización sin restricciones. En una declaración pública emitida a raíz de este incidente ese conglomerado sostiene: “Las mujeres feministas del Frente Amplio seguiremos exigiendo una ley de aborto legal, seguro y gratuito. . .”.

“Las mujeres feministas. . .”. O sea, hay mujeres que no son “feministas” lo cual obliga a entrar a una definición del término. ¿Qué significa ser “feminista”? En esta hipótesis, sólo lo serían quienes apoyan el aborto sin restricciones y, sin duda, aquellas partidarias del “amor libre”, el matrimonio “igualitario” y de cuanta sandez a uno se le pueda ocurrir. Las mujeres que no están de acuerdo, ya lo saben: no son feministas y, a poco andar, se les negará la misma condición de ser femeninas, esto es, de ser mujeres. Lo cual demuestra cómo el término feminista se emplea en una clave ideológica, tal como durante el siglo pasado se usó el término “proletario”. Este no era, en principio, ni el obrero ni el campesino de carne y hueso salvo que se propusieran la instauración del régimen comunista. Si no, eran traidores a la clase, lacayos del imperialismo. Y, con tal que estuvieran en la misma campaña, podían ser proletarios gente que jamás pisó una fábrica o un potrero agrícola. Ahí están Ricardo Lagos, José Miguel Insulza, Francisco Vidal, José Antonio Viera-Gallo y tantos otros para demostrarlo.

Hoy, Chile se está deslizando peligrosamente por esa pendiente. La confrontación política deja de lado los requerimientos de la realidad: por ejemplo, que los seres que se gestan en el seno materno son tan humanos como aquellos que ya nacieron. Con tal de emplear a las mujeres como arietes de subversión no se cesa de adularlas, por ejemplo, con los derechos “reproductivos” en virtud de los cuales dispondrían de plena autonomía para decidir sobre la vida de ese niño que en ella se desarrolla.

Las ideologías no retroceden ni siquiera ante el crimen. Ellas todo lo justifican, como fue, en la dictadura del proletariado, el aplastamiento de los proletarios reales de carne y de hueso. Y como, de hecho, esa dictadura terminó siendo “contra” el proletariado, así el triunfo de este feminismo terminará siéndolo contra todas las mujeres de carne y de hueso, sobre todo contra aquellas que quieran vivir su condición de mujeres de acuerdo a su realidad femenina y no según los cánones de la ideología.

Fuente: https://www.facebook.com/gonzaloibanezsm

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