Gonzalo Ibáñez Santamaría


Son, sin duda, los sentimientos que nos embargan a la mayoría de los chilenos viviendo hoy día en nuestro país. Angustia, desde luego cuando apreciamos cómo el país va sin rumbo claro, cómo ha perdido el impulso y el empuje que lo caracterizó hasta hace poco, cómo son miles los que han perdido sus empleos por la contracción de la economía y cómo todos esperamos el próximo zarpazo de la delincuencia. Esta última constituye sin duda la amenaza más temible.

Ello, hasta el punto de que nos causa no sólo angustia sino simplemente terror. El asalto de que fueron víctimas dos familias en Zapallar, una de ellas la del alcalde Gustavo Alessandri corrió el límite de lo predecible. Si no hubo muertos causados a mansalva por los delincuentes, fue por milagro, porque la violencia que emplearon supera los que los hechos anteriores nos permitían imaginar. Ese alcalde, que intentó defender a la familia, hoy permanece internado en el hospital por las graves heridas que le fueron inferidas por los delincuentes.

Con todo, hay algo peor, como es la ausencia de gobierno que toda esta situación denuncia. Ya poca duda cabe que, en Chile, el poder político lo ocupa una banda de aficionados e incapaces que no sólo no ha combatido eficazmente los problemas que nos afectan, sino que, en buena medida, ha sido la causa de muchos de ellos. El frenazo de la economía se debe, sin duda, a la política que esa banda ha llevado adelante, anti inversión y contraria al ejercicio de la libertad y de la propiedad; y también, al considerable aumento del gasto público en que han incurrido sin que haya habido detrás un crecimiento de los ingresos nacionales que permita financiarlo.

Respecto de la delincuencia, la responsabilidad de quienes ocupan el poder es mucho mayor. Ellos estuvieron detrás de la ola de violencia que se abatió sobre el país a partir del 19 de octubre de 2019, alentando a los malhechores en la comisión de sus delitos y, después, liberándolos por la vía del indulto. Carecen así, ahora, de espaldas morales para enfrentar la delincuencia que entonces brotó en el país y que no ha hecho sino expandirse de la mano del narcotráfico.

Sin embargo, eso no es todo. En medio de las tribulaciones que se han abatido sobre el país, ha quedado al descubierto cómo desde el poder se han despilfarrado los recursos públicos a través de asignaciones brujas a entidades aparentemente sin fin de lucro, pero que ya aparecen hechas para procurar a quienes están detrás un generoso lucro a costa de todos los chilenos. Dos ministros están ya claramente involucrados, tal vez no como beneficiarios, pero si por grave negligencia en el ejercicio de sus cargos. Esto es causa de la enorme indignación que recorre el país ¿Cómo es posible que gente de gobierno se dedique a estas maniobras mientras el país se debate en la incertidumbre, el terror y la angustia?

Fuente: https://web.facebook.com/gonzaloibanezsm

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