En el día internacional de la Mujer

 

 

 

 

 

 

 

Gonzalo Ibáñez Santamaría


Aproximándose este día, el presidente electo Gabriel Boric reafirmó uno de los propósitos de su gobierno: “les quiero pedir en particular a los hombres, que nos lo tomemos en serio. Que esto no es una banalidad, que esto no es una respuesta postmoderna a demandas identitarias, sino que estamos hablando de un compromiso que está en la base de nuestro gobierno. El ser un gobierno feminista significa cambiar la manera en la cual nos relacionamos, en la cual vemos el mundo que ha estado durante demasiados siglos contado por hombre”. ¿En qué se ha traducido este propósito? Por ejemplo, en la búsqueda de la paridad de “género” en la ocupación de cargos tanto en el mundo público como privado, sobre todo si están revestidos de poder; en proyectos de erradicación de la violencia contra las mujeres; pero también, en el proyecto de aborto libre sin límite de tiempo ni expresión de causales y en el libre acceso a métodos anticonceptivos. Aunque no se lo diga explícitamente, pocas dudas van quedando de que aquello a lo cual este feminismo apunta de manera primordial es a que las mujeres rechacen la posibilidad de ser madres, para lo cual, desde luego, procede a estigmatizar esa condición casi burlándose de ella. De hecho, en todos los interminables discursos que a diario se pronuncian acerca de esta materia no hay ninguna referencia a esta dimensión femenina: la maternidad. Al contrario, aunque tal vez no se la condene de manera expresa, sí se deja claro que cuando esta maternidad era vista como la principal tarea reservada a una mujer, se trataba de un período en el cual el “machismo” predominaba. La primera tarea que se impone el anti-machismo es precisamente la de terminar con la noción de mujer-madre.

No nos engañemos, detrás de una reivindicación de derechos que a veces parecen inocentes, el feminismo del cual Boric reclama ser postaestandarte apunta en el fondo a cómo hacer que las mujeres renieguen de su condición maternal y, si se puede, terminen abominándola. Pero, no hay caso: renegando de esa condición, las mujeres en lo que terminan es renegando de su condición de mujeres, es decir, de ser femeninas. El feminismo, en manos de Boric y de sus secuaces no pasa entonces de ser una expresión que esconde el más radical de los antifeminismos, en definitiva, el odio al ser mismo de la mujer y a aquello de lo cual ella es la portadora: la vida.

Cualquier tarea que pueda emprender una mujer es casi la nada misma al lado de esta otra, en la cual ella es irremplazable: la maternidad. Es a eliminarla del catálogo de las posibilidades de la vida de una mujer a lo que apunta lo que hoy se denomina el feminismo. Obviamente, quien paga el último costo es la sociedad entera que ve así cómo se demuele el principal baluarte que la sostiene.

Fuente: https://www.facebook.com/gonzaloibanezsm

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