Por Raúl Pizarro Rivera


La economista Iris Boeninger es una de las fundadoras de Amarillos, partido conformado por militantes de la Democracia Cristiana que renunciaron a dicha colectividad por “desavenencias ideológicas” con quienes decidieron permanecer en él. Su padre Edgardo Boeninger Kausel -murió en 2009- recién ingresó a la DC a fines de 1973 y lo hizo sólo “como muestra de rechazo al régimen militar”.

Integró el llamado ‘Grupo de los 24’, que redactó un proyecto de Constitución alternativo a la de 1980. Dicho sea de paso, la subsistencia de esta Carta Magna fue posible gracias al voto de la izquierda y del mundo nativo o derivado de la DC, en el plebiscito de salida del proceso de diciembre de 2023.

Iris Boeninger, una pelirroja dirigente amarillista, declaró que “confío en que Evelyn Matthei se inclinará mucho hacia el centro”.

Dada la tendencia en aumento del periodismo por entrevistar sostenidamente a “figuras” del centrismo, la economista piñerista Susana Jiménez, invitada a que se definiera por el sector que quisiera que constituya el próximo Gobierno, respondió que “la centroderecha”, instancia que, reiteradamente, hemos explicado que en el Chile de hoy no existe: se es frontalmente anti marxista o se es de izquierda.

No fue la derecha sino el centrismo el que ayudó a un Gobierno fracasado en su revolución socialista a sacar adelante su reforma previsional y exhibirla como trofeo de “nuestro programa”.

Tan injustificable error de la oposición centrista lo ha estrujado al máximo el comunismo, ello mediante su ministra Jeannette Jara, quien se burló de los ahora silenciosos colaboracionistas, bailando cumbia en la calle, al promulgar la ley.

Susana Jiménez intentó eludir la realidad, diciendo que “lo que la ministra Jara festejó fue el acuerdo con otros sectores políticos”, y es aquí donde pierde toda consistencia y coherencia la postura de quienes patrocinan el centrismo. Tal acuerdo fue pactado con los mismos que intentaron derrocar a su icónico camarada Presidente, y al que pusieron de rodillas, al que juraron llevarlo a la justicia internacional y al que, hoy, el agradecido Gobierno atribuye la causa de todos sus desastres.

Los acuerdos y entendimientos son muy válidos y, a veces, necesarios, pero depende entre quiénes y con quiénes. Estos tibiecitos opositores impulsados por egoístas cálculos electorales, no tienen explicaciones a las que echar mano.

Académica y dirigente empresarial, Jiménez, ex ministra de Energía del fallecido Sebastián Piñera, aclaró que es su sector, el imaginario de centroderecha, el que mejor “puede comprometerse a garantizar la seguridad interior y el salir de la crisis económica”. Ello ¿resulta confiable y creíble, luego de darle un tambor de oxígeno a un Gobierno marxista moribundo? Gracias a este fragmento supuestamente opositor, los asalariados, con su trabajo cotidiano le financiarán la ‘seguridad social’ a quienes son una perenne carga para el Estado.

Una histórica de la derecha tradicional chilena, Evelyn Matthei, aparece como abanderada presidencial de esta indefinida comunidad política, lo que la deja en una situación poco cómoda respecto al sentimiento de la gente, que es ultra antigubernamental. La ciudadanía se expresa diariamente en contra de un régimen que, aparte de incapaz, es descaradamente deshonesto.

La angustia del atomizado centrismo se transformó en pánico, luego de que la Comisión de Constitución del Senado reafirmase, y, por ende, mantuviese, una norma anti fragmentación parlamentaria eliminada por el Presidente Gabriel Boric, a través de una indicación a la reforma al sistema electoral.

La enmienda del Ejecutivo contravino incisos referidos a frenar la excesiva fragmentación que afecta especialmente a las votaciones en la Cámara de Diputados, donde pululan legisladores que no representan a casi nadie… ¡y deciden leyes trascendentales!

De materializarse la reforma electoral, quedarán al margen del Congreso todos los partidos que obtengan menos de un 5% de los votos, y en esta situación se hallan Amarillos y Demócratas, que, en conjunto, tuvieron un miserable 2,6% de los sufragios en las pasadas elecciones municipales. Resulta entendible que moribundos se cuelguen de quienes tienen vida plena, pero no existe otra razón para tenderles la mano que los votos. El sentir de las bases, ¡no importa!

Ésta es la realidad pura del centrismo -aparentemente opositor- en Chile, el que acorrala a Matthei hacia su lado, y, al cual, parte de las dirigencias de RN y de la UDI, “le presta ropa”.

La situación de la candidata de Chile Vamos no puede ser más inconfortable. Todo el espectro político conoce de sobra su “procedencia” ideológica, y el hecho de presionarla públicamente le implica un gran riesgo: si existe un solo argumento para que encabece las encuestas presidenciales es, precisamente, porque de centrista nada tiene. Los auténticos analistas del panorama político aluden, directa y verazmente, a “los tres candidatos de derecha”, en alusión a ella, a Kaiser y a Kast. Quienes se refieren a la “centroderecha” son entes interesados en abrir brechas y generar grietas en la auténtica oposición, y, de hecho, lo han conseguido.

El que toda la izquierda, hasta el PC, se haya alineado para elegir a un RN que corre por fuera de Chile Vamos como presidente del Senado, confirma esta más que reveladora realidad.

El centrismo es, hoy, exclusivo descendiente de la ex Falange Nacional, toda una revolución en su tiempo, pero con tantas interpretaciones posteriores que terminó subdividiéndose y en agonía. Pruebas al canto: para poder sobrevivir, la DC fue parte del pacto de este Gobierno en las pasadas elecciones municipales…y ahora decidió ir por su cuenta a la Presidencial.

Interpretar mal el sentir de los votantes y, más aún, la orientación de la ciudadanía, puede significarle un costo impensado a la candidata de esta imaginaria “centroderecha”, la misma que, errada e inocente, se prestó para darle aire al más catastrófico y aniquilador Gobierno de la historia del país.

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