5 de septiembre de 2023 

 

 

 

 

 

Pablo Errázuriz Montes 


El vocero de la bancada del partido republicano en la convención Luis Silva, con su rostro afectadamente atribulado (según él a causa de las jornadas maratónicas de los convencionales), ha hablado en un punto de prensa, expresando que su bancada generosamente retira cuatro enmiendas – muy queridas por él - a la propuesta de los expertos, nada menos que aquellas que aseguraban el derecho a la vida del que está por nacer, el que la constitución sea una constitución y no una ley ordinaria al albur de mayorías ocasionales, y aquella que endosa la soberanía nacional a tratados internacionales que primarían sobre la voluntad soberana de la república. Tamaña generosidad, según él, sería para apurar el proceso que se estancaría en la discusión de tales nimiedades. (¡¿?!)

Obviamente lo anterior fue efusivamente saludado por el mainstream progresista, como la demostración de madurez democrática de republicanos, claro que, para aprobar el examen, deben esforzarse más aun y conceder todo lo que ya ha concedido chilevamos. De seguir el buen comportamiento, se les revocará el mote de extremistas. Ahora el Partido Republicano es de los nuestros. ¿Y cuál será el resultado? De triunfar la opción apruebo, la revolución progresista seguirá oronda su curso.

La claudicación expresada por Silva, es inmoral, ridícula, incoherente, mentirosa y torpe.

Es inmoral porque viola los principios que ese partido dijo tener y que están en su declaración de principios. Inmoral porque violenta la voluntad de quienes se afiliaron a ese partido y los eligieron para que los representaran en la convención constitucional. Tan inmoral como la afirmación de Silva – numerario consagrado del Opus Dei - de que eliminando la enmienda que aseguraba la vida del ser humano que está en el vientre materno, se disipa la (funesta) idea que el Republicanos desea derogar la ley que legaliza el aborto en tres causales. ¡Pero, si esa es la voluntad explícita de su partido consagrada en su declaración de principios, y de la religión católica a la cual él se consagró de por vida! ¡Pero si es su obligación propiciar su derogación!, porque, si no es su obligación, Silva no podría pertenecer al partido republicano, y sería infiel a su labor apostólica como miembro consagrado de la Iglesia Católica. Y aquí no valdría invocar el relativismo moral hegemónico en nuestra sociedad, porque sucede que él, su partido y su religión hacen profesión de la existencia de una moral objetiva. ¿O es que yo me equivoqué de personaje?

Es además esta claudicación, ridícula en cuanto la razón esgrimida (ahorrar tiempo para tener un texto dentro del plazo), porque con ese criterio deberían retirar todas las enmiendas todos los partidos, y someter a plebiscito el texto de los llamados expertos. ¿O cree que, con esta demostración de generosidad, los comunistas y frenteamplistas retirarán las enmiendas que replican las normas que se rechazaron en el plebiscito anterior? Curiosamente retira solo aquellas que la izquierda, que es minoría y no puede vetar, le molestan. Si fuese una “economía de tiempo”, retire otras, que no fueren estas, tan queridas, como él las califica.

Es incoherente con todas las razones esgrimidas durante la campaña y el desarrollo del proceso. Particularmente aquella que señalaba él mismo, que no le gustaba el proyecto de los expertos y que prefería entre ambos, la constitución vigente.

Es mentirosa, porque la causa real del retiro de las enmiendas, no es la “economía de tiempo” sino un cambullón (acuerdo sórdido y no susceptible de ser mostrado públicamente) de algo a cambio de algo, entre Republicanos y los demás partidos, a espaldas de sus electores y del pueblo.

Por último, es una decisión torpe, porque hasta un niño chico se da cuenta, que, tras esta claudicación, está el intento de que venza el apruebo en el plebiscito de diciembre, que haya una buena y nueva constitución que le permita a su líder José Antonio Kast, ganar la elección presidencial próxima, con los laureles de padre de la nueva institucionalidad, pero… al costo que sea: propiciar el gobierno global de las naciones unidas, tolerar el aborto, aprobar una norma constitucional que permitirá nacionalizar los fondos de pensiones, seguir metiendo a la cárcel a más y más presos políticos militares, y todo absolutamente todo lo que el enemigo político quiera. Y… resulta que no lo logrará. ¿Por qué no lo logrará? Porque así no se hace la política. Porque la política la hacen los ganadores. No los que arrancan. Tal como en el rodeo, el campeón es el caballo que persigue al novillo y lo ataja. ¿O ustedes han visto alguna vez que el novillo que arranca sea el campeón? A lo más castigan al jinete con puntos malos, pero nunca nadie aplaude al novillo. El Partido Republicano es el novillo; la collera es la izquierda y el globalismo.

¿Por qué los partidos políticos de derecha, traicionando los valores que decían sostener y respetar, siempre ceden a la izquierda revolucionaria? ¿Por qué se autoconvencen de que así podrían ganar el poder, cuando eso histórica, empírica y objetivamente jamás sucede de esa manera? ¿Cómo es que no ven, que los machos alfa de la manada – la izquierda sin ningún género de dudas- son los que siempre terminan imponiendo sus principios y objetivos?

Cuando secuestran a una persona de cualquier sexo, las técnicas conductistas usadas por los secuestradores, buscan quebrarles la confianza en sí mismos. De tal forma el secuestrado, pierde su personalidad, su identidad y su señorío. Cuando los secuestradores tienen éxito, desaparece en el secuestrado todo rasgo de humanidad y queda solo un cuerpo animalizado. De ahí que con bastante frecuencia sucede una conducta que la psicología ha llamado síndrome de Estocolmo, porque la primera víctima en que se identificó, fue en un secuestro en esa ciudad. ¿Y, en qué consiste el Síndrome de Estocolmo? En que, para el secuestrado, la persona de mayor confianza es el secuestrador de quien es capaz incluso enamorarse. Y así ha sucedido con mujeres secuestradas, que llegan a mantener relaciones sexuales consentidas con los secuestradores y sentirse protegidas por ellos.

¿En qué se parece la política a este fenómeno? Veamos:

Supongamos que la derecha, es aquel sector político que cree en la trascendencia del ser humano, y, siendo criatura a imagen y semejanza de Dios, tiene una vocación sempiterna de libertad para perseguir su ideal del bien, de la belleza y de la verdad; que siendo el ser humano hijo de mujer, la comunidad básica de la sociedad es la familia; y que, para amparar esa libertad y esa familia, el derecho de propiedad debe existir y ser inalienable y trasmisible a su descendencia. Que el mundo natural está, como señala el génesis, para poseerlo y dominarlo y tenemos una jerarquía existencial superior a los otros seres del mundo.

Pero sucede que vivimos en un mundo en que esos valores de lo que suponemos identifica a la derecha, están secuestrados y privados de expresarse. En efecto, se encuentran todos en cuestión, y peor aún, todos se encuentran amagados por una cultura hegemónica que los odia y desea destruirlos. La prensa, el cine, la publicidad comercial, las ideologías, la academia, los controladores de las redes sociales, conducen a la humanidad a su perdición y destrucción, por aplastar esos valores en los que se supone, cree la derecha. Apenas se esgrimen, sus defensores son tildados de extremistas, fascistas y otros epítetos al uso.

Las virtudes políticas por excelencia son la justicia, la prudencia y la fortaleza. El justo se manifiesta en que su quehacer público se orienta exclusivamente al fin de la política, esto es, el bien común general. El político que busca el poder para sí, el cargo o una sinecura como un fin, y no el bien común, es un político corrupto. Además de ser justo, el político debe ser prudente, esto es ponderar la circunstancia que lo rodea con inteligencia activa para decidir conforme a las consecuencias que tendrá su decisión. Además, teniendo como fin el bien común, haciendo una lectura de la circunstancia, requiere tener la voluntad de acometer y resistir en la misión política en que se ha embarcado.

¿Qué sucede cuando carece de justicia y/o de prudencia y/o fortaleza? Pues que será víctima de un secuestro sicológico por parte de la ideología hegemónica, de la repetición constante de falsedades que hoy fungen de verdades. En castellano más vulgar, cuando es corrupto y/o tonto y/o cobarde, es presa del flautismo de Hamelin del ambiente. Lo que dice el mainstream, es lo que se lleva y lo que hay que opinar. No se sale de ahí, sea porque su fin es conquistar una sinecura, sea porque no tiene luces para entender la circunstancia que le rodea, sea porque es cobarde o débil para enfrentar y acometer las dificultades del camino.

¿Cómo se defiende psicológicamente el que está secuestrado ideológicamente por un enemigo o contendor poderoso, cuyos fines son contrapuestos a los suyos, y dispone de la hegemonía de la prensa y el poder mediático de manejar la agenda, y no tiene una o ninguna de estas tres virtudes? Pues se amista con el secuestrador, trata de hablar en su idioma, con sus valores, trata de que le quiera, que no le insulte, que le considere, que le pondere.

Andréi Sakarov, físico disidente en la Unión Soviética, cuenta que estuvo sometido varios días al interrogatorio de la policía política comunista. Como era inteligente adoptó una estrategia bloqueadora: siempre contestaba lo mismo: no contesto a esa pregunta. Cuatro o cinco días contestando a decenas de miles de preguntas que pretendían comprometerle, y su respuesta siempre: no contesto a esa pregunta. Aquello demandaba una gigantesca fortaleza. Sin dialogar, sin transar, sin someterse a las reglas del juego de sus secuestradores, venció. Fue rescatado por occidente no por ser simplemente anticomunista, sino porque, sosteniendo esa convicción, no claudicó. Ahí está la clave: no claudicar.

Si es verdad lo que dice Luis Silva, el Partido Republicano claudicó y como tal estará condenado a ser el novillo perseguido por la collera de la izquierda y del globalismo, y en el mejor de los casos, con fintas evitar que le atajen, pero siempre huyendo.

Pero así no se hace la política, que pretende conducir una nación libre y soberana como lo es Chile. Para ser digno de gobernar a esta gente gallarda soberbia y belicosa, al decir de Ercilla, se requiere estar montado en el potro y atajar virilmente al novillo. Solo así se conquista el Champion.

Fuente: https://pabloerrazurizmontes.blogspot.com/2023/09/definitivo-diagnostico-la-derecha-esta.html

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