25 marzo, 2025 

 

 

 

 

 

por Magdalena Merbilháa


La celebración de la reforma de pensiones con un baile para intentar posicionar a Jeannette Jara como posible candidata presidencial, es a lo menos indolente, irresponsable y poco empático frente a la situación país.


A pesar de la desastrosa situación país, el gobierno celebra. El Presidente cree genuinamente que un crecimiento de 2,6% con un déficit estructural del 3,4% es una buena noticia. La ignorancia es atrevida. Acumula un crecimiento promedio en su gobierno de 1,8%, igualando al peor resultado  desde el retorno a la democracia en el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Son objetivamente malas noticias. No son sólo números, son sueños de familias truncadas por la tozudez, falta de experiencia y actitud irresponsable de quienes hoy nos gobiernan. Nadie está mejor, todos estamos peor.  Por lo mismo, bailan intentando potenciar con “ritmo cumbianchero” sus “no logros”. Banalizan todo y no es casual.

Banalizar implica dar a algo un carácter trivial o poco importante, minimizarlo. Es lo que ha sucedido con el poder y las instituciones en el actual gobierno. Quienes lo componen no respetan la dignidad de los cargos, por lo mismo sólo se limitan a “habitarlos”. La forma habla del fondo y no basta tener el poder, eso se debe notar y trasmitir.  La autoridad debe tener dignidad para trasmitir “autoritas”, no sólo “potestas”. Ganar las elecciones dan la “potestas”, el poder legal de ejercer el cargo. La “autoritas”, en cambio,  es la reputación y el estatus,  una autoridad intangible que se manifiesta en el respeto de la gente y en el reconocimiento de esa persona como real autoridad. Este gobierno al banalizar todo, tiene potestas pero cada día pierde más la “autoritas”, si es que alguna vez la tuvo.

La banalización comienza desde el vestir que es la primera impresión de la manifestación de la dignidad del cargo. El hecho que el Presidente ponga sus íntimos deseos de informalidad  por sobre la necesidad de formalismo que exige el cargo que ejerce, es el inicio del problema. Si el Presidente se viste mal y lo hace, hacia abajo lo hacen aún peor y sienten que pueden hacerlo. Si el protocolo no se respeta, que de hecho no se hace, ya que desde la investidura cometieron errores de suma gravedad, que le valieron entre otras cosas el apodo de “merluzo”.

Todo se quiere refundar y para mal. Creen que con eso son revolucionarios, sin embargo son como la masa misma y sin darse cuenta se quitan el real ejercicio del poder. Sólo tienen el poder legal, han perdido todo posible respeto de la gente, ya que la banalización ha terminado incluso en vulgaridad. No sólo son comunes y corrientes sin ostentar el poder que supuestamente tienen, sino que desde lo vulgar han relativizado las responsabilidades de su mala gestión.

No entienden lo que es la política. Ya los romanos la entendían como “pan y circo”. Pero en Chile hoy, con la falta de pan por la mala gestión económica, se han enfocado en el circo. Pero no es un espectáculo increíble como en los anfiteatros romanos, sino en un patético y vulgar “pequeño show”. La celebración de la reforma de pensiones con un baile para intentar posicionar a Jeannette Jara como posible candidata presidencial, es a lo menos indolente, irresponsable y poco empático frente a la situación país. La economía, mal. La seguridad, inexistente. Las instituciones, desprestigiadas. El gobierno, ausente.

Por otra parte, el show no deseado, que ha mostrado la verdadera cara de quienes son gobierno, ha colmado la paciencia de los chilenos. No sólo gobiernan mal, sino que son malas personas. Mienten, engañan, articulan y maquinan para y por el poder. Todo se trata de arreglarse ellos, de servirse del gobierno para mejorar sus propias condiciones económicas, enriquecerse y mandar. No tienen interés real y genuino de servir, ayudar a otros. No están dispuestos al sacrificio y sin esa condición, nunca se puede servir a otros.

Nunca se apunta al bien común si el objetivo es transformar y refundar a cualquier costo. Ya el afán revolucionario ha costado un retroceso de 10 años, al menos, al país. Eso significa más pobreza  y truncar los sueños de futuras generaciones. Se han gastado todo, han echado mano hasta al patrimonio de la Corfo, definitivamente no hay plata. Son irresponsables y bailan como si fuesen ricos, cuando cuelga sobre sus cuellos una gran cadena de “créditos de consumo”. Pero como todo crédito, hay que pagarlo y con intereses. La fiesta la pagaremos todos los chilenos.

Fuente: https://ellibero.cl/columnas-de-opinion/de-lo-banal-a-lo-vulgar/

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