Cristián Labbé Galilea

 
Mientras me preparaba para retomar las tertulias 2019, “sentado frente al mar” en Puerto Montt… (pam para pam para pam pam), pensaba en las muchas cosas que han pasado en el último tiempo, y que serán temas obligados de mis parroquianos en los próximos días.


El silencio de la Alta Comisionada para los DD.HH, el viaje del presidente a Cúcuta, las playas privadas, la intervención de la titular de educación por una curiosa matrícula, la colusión de los pollos, los medidores de luz, el feminismo y la marcha de las mujeres… ¡temas sobran!

Cada uno con aristas muy diferentes, unos más delicados que otros, pero sin duda hay uno particularmente sensible que no está en la lista anterior… el tema de los militares: los gastos reservados, el enriquecimiento ilícito, la “invitación” a la delación anónima… ¡grave, grave, gravísimo, por donde se aborde!

No piense mi desconfiado lector que esta pluma pretende defender delitos que -de haber ocurrido- son de la mayor gravedad; muy por el contrario, es de esperar que la justicia opere con el mayor celo y rigurosidad posible. En ello está el prestigio y el honor de las Fuerzas Armadas.

Lo que sí resulta inentendible es que las autoridades políticas, que están encargadas de la alta conducción del país, no tengan la visión y la capacidad para ponderar el efecto en el Poder y la Seguridad Nacional de ventilar irresponsablemente materias extremadamente sensibles para la soberanía nacional, como por ejemplo: los recursos para la función de inteligencia.

Sin pretender restar importancia a las singularidades de lo que hasta aquí se ha denunciado, creo necesario que todos, especialmente las autoridades, debieran comprender la importancia que tiene el Poder Nacional en la existencia y subsistencia de cualquier país.

Además, si se asume que este Poder está compuesto por elementos de naturaleza económica, política, social y militar, es fácil deducir que, si uno de éstos se debilita, se debilita todo el Estado….

Todo lo que se ha dicho en estos días debilitan la mística, la moral, la disciplina de la componente militar, intangibles en los que descansa todo su poder, y que marcan la diferencia entre instituciones integradas por soldados profesionales con aquellas donde éstos se transforman en meros funcionarios instrumentales al poder político de turno… como ocurre hoy en Venezuela.

Como podrá comprobar mi sagaz lector, en el último tiempo, (léase años), por muchas vías y con variadas iniciativas, se ha buscado desvincular a los militares de su historia, su pasado, su tradición y su compromiso con los valores superiores de la nación. Quizá allí está la causa primera de porqué algunos mandos perdieron el foco y la esencia del “ser militar…”

Por último, es fácil suponer que “el caso, o los casos” asociados a irregularidades en las instituciones de la defensa y el orden público, no serán de fácil despacho. Es imprescindible, entonces, que nuestras autoridades, los políticos, y en general la opinión pública, comprendan lo delicada de la situación.

Para ello, nada mejor que… ¡cerrar la boca y a otra cosa mariposa!