27 septiembre, 2023 

 

 

 

 

 

José Francisco Lagos


Resulta bastante fácil emplazar sólo a los demás que deben ceder sus posiciones si siempre se encuentran buenas razones para no ceder en las propias.


La entrevista de la candidata presidencial Evelyn Matthei ha causado bastante polémica y diversas reacciones tras afirmar que tal como está hoy no estaría dispuesta a poner su capital político para llamar a votar a favor del proyecto constitucional en el que está trabajando el Consejo Constitucional.

Uno de los elementos que señala la alcaldesa en su entrevista, es que algunas normas que se han aprobado estarían incomodando a la izquierda.

El primer aspecto que habría que cuestionar de esa crítica es lo grueso de las afirmaciones, por ejemplo, al señalar que se está haciendo un programa de gobierno en vez de una Constitución. Después de una afirmación de esa envergadura, uno esperaría que se profundice en el fondo del asunto, como plantear en qué cosas concretas cree que se está cometiendo ese error, porque sólo de esa manera puede haber un debate completo en torno a la discusión constitucional.

¿Será que haber puesto el derecho a la vida, en línea similar a lo que dice la Constitución actualmente, o lo de las contribuciones lo que la llevan a pensar de esa manera? Parecen razones insuficientes para una afirmación tan lapidaria como la que realiza la alcaldesa.

Por otro lado, la idea de la comodidad o incomodidad de la izquierda, o la construcción de una Constitución políticamente transversal, sin señalar en qué cuestión en concreto se debiera hacer, transforma muchas veces esos criterios en meras declaraciones de buenas intenciones. Por ejemplo, ¿a qué acuerdo constitucional se debería llegar con aquellos que querían que nuestro país fuera plurinacional, o con aquellos que querían sistemas paralelos de justicia, o con aquellos que querían que el Estado tuviera el monopolio de las prestaciones sociales?

Es verdad que las constituciones son acuerdos políticos que deben ser más transversales que los programas de gobierno, pero también es verdad que lo anterior no quiere decir que sin la unanimidad de todos los sectores políticos las constituciones tienen una menor legitimidad.

Por último, por honestidad intelectual, también las personas que hacen críticas como la que señaló Evelyn Matthei debieran transparentar otra cosa: qué tema que le parece relevante estarían dispuestas a transar para lograr acuerdos. ¿Estaría dispuesta, por ejemplo, a negociar la autonomía del Banco Central, o la protección del derecho de propiedad, o la libertad de elección en la prestación de servicios? Porque sin esa definición, resulta bastante fácil emplazar sólo a los demás que deben ceder sus posiciones si siempre se encuentran buenas razones para no ceder en las propias.

Fuente: https://ellibero.cl/opinion/el-capital-politico/

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