13.03.26 

 

 

 

 

Michael Guerrero
Experto en DDHH, sostenibilidad y Justicia.


Por estos días muchos analistas han intentado reducir lo ocurrido en la política colombiana a un “reality” electoral. Sin embargo, una mirada desde la ciencia política permite observar algo más profundo: una reconfiguración estratégica del espectro ideológico del país.

Durante años, el Centro Democrático fue presentado como la expresión más dura de la derecha colombiana. Ese encuadre político funcionó mientras el sistema mantuvo una competencia relativamente simple entre una derecha fuerte y una izquierda en ascenso. Pero la dinámica reciente ha modificado ese tablero.

La aparición de discursos aún más radicales dentro de la derecha expresados en sectores políticos que privilegian un tono confrontacional, antisistema o altamente ideologizado produjo un fenómeno conocido en ciencia política como corrimiento del eje ideológico. Cuando surge un actor más extremo, los actores previamente considerados radicales pueden reposicionarse como moderados.

Esto es exactamente lo que parece estar ocurriendo. En el actual momento político colombiano empiezan a delinearse dos polos de radicalización: por un lado, el representado por el Pacto Histórico; por otro, una derecha más disruptiva que busca diferenciarse mediante discursos de mayor confrontación.

Entre esos dos extremos emerge nuevamente un espacio político que parecía diluido: el centro - derecha. Allí es donde el Centro Democrático intenta reposicionarse estratégicamente, flexibilizando su narrativa y abriendo la posibilidad de construir una fórmula vicepresidencial capaz de dialogar con sectores moderados del país.

Lo que vimos esta semana, entonces, no fue simplemente un espectáculo político. Fue el despliegue de una estrategia: mostrar los extremos para que el electorado identifique un espacio de moderación.

En sistemas políticos polarizados, ese espacio suele ser decisivo. No porque represente neutralidad, el centro nunca es completamente neutro, sino porque se convierte en el punto desde el cual se construyen las mayorías.

La pregunta que queda abierta no es si el centro existe o no en Colombia. La verdadera pregunta es ¿quién logrará ocuparlo con credibilidad política?; Porque en la competencia electoral contemporánea, más que ganar los extremos, gana quien logra parecer el punto de equilibrio entre ellos.

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