Segunda Parte

 

 

 

 

 

Óscar Platero
Analista


Como ya quedo descrito en la primera parte de la serie, el Sáhara Occidental ha sido objeto de conflicto desde la retirada de España en 1975 y a partir de ese momento el Reino de Marruecos por sus vínculos históricos y jurídicos, pasó a administrar la mayor parte y ha efectuado una fuerte inversión en su infraestructura, educación y gobernabilidad. En contraparte, el Frente Polisario ha sido símbolo permanente de desestabilización, con el apoyo político-militar de Argelia traducido en armas y entrenamiento para los integrantes de sus diferentes estructuras desde la época del desaparecido dirigente Comandante Muamar el Gadafi;  quien apoyado por Cuba y Rusia impulsó su  objetivo estratégico en el norte de África para debilitar al Marruecos -pro occidental- y posesionar los intereses del Bloque del Este en esa estratégica región.

El Frente Polisario desde su nacimiento ha efectuado sus actividades utilizando técnicas y tácticas de guerra de guerrillas, adoctrinamiento ideológico y acciones de desinformación recibidas por sus militantes en los campamentos de entrenamiento de Tinduf en Argelia, quedando demostrado que el alto el fuego impulsado y dirigido por la ONU en 1991 detuvo los combates entre las tropas marroquíes y los terroristas del Frente Polisario pero el conflicto sigue sin resolverse, debido a la intervención de Irán, Rusia y China.

La histórica rivalidad de Argelia con Marruecos, fue revitalizada por la guerra fronteriza de 1963  y estimuló aun más el apoyo de Argelia al Frente Polisario,  por una parte, mientras simultáneamente Marruecos expandió su influencia en la región  modernizando y efectuando una reingeniería  económica, sumada a sus crecientes relaciones diplomáticas con los Estados Unidos e Israel. Y desde ese momento Argelia se alineo con Moscú, Pekín y Teherán en forma estratégica, afianzando la ayuda militar, el respaldo financiero y reconocimiento diplomático para la República Árabe Saharaui Democrática –RASD-, -Frente Polisario-  para obstaculizar cualquier vía de solución.

Cabe recordar que mientras las posiciones se fortalecían y las diferencias entre los contendientes crecían, la posición ideológica y los intereses geopolíticos de Argelia se orientaron para fortalecer al Frente  Polisario; mientras el Reino de Marruecos fortalecía sus alianzas con Occidente mediante el intercambio de inteligencia y la realización de maniobras  militares conjuntas como  la reciente “African Lion”; y consecuentemente  el enfrentamiento entre Argel y Rabat se acentuó. Sin embargo se produjo un hecho que estaba destinado a convertirse en un parte aguas estratégico en las relaciones internacionales que vino a representar un pulso geopolítico en la región, pues en diciembre de 2020, el Presidente Donald Trump reorientó la política exterior estadounidense para adaptarla a las realidades estratégicas de la región al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, decisión que vino a substituir la anterior tibieza y ambigüedad revitalizando a la vez la amistad entre Marruecos e Israel, y, como visible secuela España y Francia siguieron al Presidente Trump al respaldar el plan de autonomía propuesto por el Reino de Marruecos.

Este viraje estratégico de la política exterior de los Estados Unidos y sus aliados se produjo luego de avaluar  la inutilidad de buscar acuerdos con un régimen argelino que sufre una guerra de poder permanente, redefiniendo la postura estratégica de Estados Unidos en el norte de África, al pasar de una neutralidad errónea, al pragmatismo  geopolítico y la consolidación de alianzas. Es imperativo que durante su segundo mandato el Presidente Trump tome la decisión de neutralizar la principal fuente de inestabilidad de la región: el Frente Polisario.

A manera de ilustración para los lectores de mi columna “La Otra Cara”, debo recalcar  que el Reino de Marruecos juega un papel geopolítico muy importante a nivel mundial, regional, y en el Norte de África (África blanca)  debido a su ubicación estratégica, su destacado papel en la contención migratoria hacia Europa, principalmente, el conflicto del Sáhara Occidental; aunado a su creciente y sostenido desarrollo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el militar.  El Reino es considerado como una potencia creciente a nivel global, por sus diversas capacidades, además de ser destacado integrante de varias organizaciones regionales e internacionales. 

Como quedo expuesto, Marruecos es el más importante de los países, -Argelia y Túnez  y Mauritania-  integrantes del Magreb y su situación geográfica y estratégica hacen de Marruecos un país privilegiado por estar ubicado a orillas de uno de los pasos estratégicos más importantes del mundo. El estrecho de Gibraltar. Fortaleza enriquecida por su mezcla de culturas, historia,  además  de ser  punto de encuentro entre África y Europa, e importante  bisagra para el comercio internacional, convergiendo  en él históricamente importantes civilizaciones como los Fenicios, Cartagineses, Romanos, Árabes y bereberes, además de los imperios islámicos y europeos que han moldeando su identidad nacional, muy acendrada en su población.

Para  una mejor apreciación debemos recordar que limita al oeste con el Océano Atlántico y la norte con el Mar Mediterráneo dándole acceso a las rutas marítimas más transitadas del mundo y Marruecos posee comprobada estabilidad política en una región marcada por la inestabilidad, lo cual ha traído una relativa bonanza en comparación con sus vecinos del norte de África y del Medio Oriente, perfil clave para atraer  inversiones extranjeras y fomentar el desarrollo económico y la seguridad en la región, posesionándolo como un socio muy confiable en la lucha contra el terrorismo.

Con una economía basada en la agricultura, industria, turismo y excelentes servicios públicos, su pujante economía ha convertido al Reino de Marruecos en una creciente potencia económica  africana. Su mano de obra calificada y políticas públicas  favorables a la inversión lo han convertido en un importante centro de producción y exportación  y puente entre el mundo árabe y el occidental pues  su población con mayoría musulmana se ve enriquecida por una historia de convivencia intercultural, que juega  un papel destacado en las relaciones entre Oriente y Occidente, y actor clave en el escenario mundial.

El Reino de Marruecos mediante la inversión en infraestructuras y la modernización de sus puertos apunta a convertirse en un centro logístico clave para el comercio Internacional, y las alianzas estratégicas con Estados Unidos e Israel son base fundamental de su política exterior, facilitando la creciente cooperación militar, los programas de entrenamiento y el acceso a tecnologías militares avanzadas que mejoran su capacidad para hacer prevalecer sus intereses nacionales, su soberanía, y la estabilidad regional, proporcionando al Reino Marroquí fortaleza diplomática y apoyo internacional en su lucha lograr el control y estabilidad del Sáhara Occidental.

Continuará…

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