Cristián Labbé Galilea


Mucha tinta ha corrido desde la instalación de la Convención Constituyente. Motivos no han faltado; fue todo tan confuso que no ha sido fácil analizar en profundidad lo sucedido, mucho menos asimilar y proyectar sus efectos… ¡Todo fue patético! En una línea, lo allí sucedido no representa para nada el Chile real, el de siempre: “…de remotas Naciones respetado…”.

La “Mise en scène” no tuvo nada de republicana: una carpa de plástico; una bandera nacional apartada de la testera; un exiguo sonido… una colección variopinta de 155 personajes intentando ubicarse a su antojo, con absoluta informalidad… ¡Vergüenza nacional!

Controlada desde un principio por un grupo de activistas y algunos representantes de los pueblos originarios, todo se desarrolló como ellos quisieron; trutrucas, cultrunes, pitos y demases, anularon el himno nacional mientras otros provocadores agitaban banderas indigenistas, todo esto ante la mirada atónita de una parte de los constituyentes y el estupor de todo el que veía esto en directo.

Claramente ese acto no representaba el país real, sino que era la resultante de una infausta actuación de la clase política, que llevó al país a una encrucijada de la cual no sabemos cómo se va a salir… lo advirtió la Presidenta en su discurso inaugural… “nos retrotraemos 500 años” … ¿Qué tal?

Cómo no, si por querer ser “políticamente correctos” nuestros políticos abandonaron al país real, a ese país que a lo largo de su historia fue forjado por un pueblo cuya identidad y carácter son únicos. Allí están integradas toda suerte de pluralidades, religiosas, políticas, económicas, sociales, y de cuya variada mezcla nace el “chileno típico”.

En todos los rincones, de Arica a la Antártica, de la cordillera al mar, habita un chileno típico, “el chileno real”: don Juan el del almacén, don Pedro el taxista, mi Suboficial y mi Cabo, el pescador, el minero, la señora Anita, todos ellos representan al “chileno medio”, ese que no es de izquierda ni de derecha, ese cuyo principal capital son: su esfuerzo y su dignidad, ellos son los que “siguen a la Roja”, los que escuchan con respeto el Himno Nacional y honran la bandera…

Son múltiples los estudios que respaldan y dan cuenta del carácter de ese chileno, y de como éste se ha forjado a través de la historia y de un largo mestizaje e integración con migrantes de diferentes partes del mundo. De esa rica mixtura ha surgido un pueblo con una homogeneidad lingüística única, y con un temple que no tiene nada que ver con la odiosidad y el resentimiento demostrado por los activistas en la ceremonia de instalación de los constituyentes.

¿Cómo se sale de este brete? Muy simple… “todos” debemos dejar las zonas de confort para concentrarnos en liberar al Chile real, del odio, la intolerancia y la violencia en que lo han sumido los políticos.

¡Partamos hablando fuerte y claro!  ¡…Chile no es un país Plurinacional…! Aquí todos somos chilenos y al que no le guste… que haga sus maletas.

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