
Por Raúl Pizarro Rivera
Las empresas encuestadoras, siempre con mayor proximidad a los acertijos que a la realidad, son como las musarañas, una diminuta especie animal que necesita alimentarse cada 15 minutos día y noche para mantenerse con vida.
En la pasada elección presidencial, mantuvieron la ilusión marxista -y del periodismo comprometido- de un ‘empate técnico’ entre Kast y Jara, siendo que nunca fue tal, a Kaiser le atribuyeron un respaldo mayor al real y relegaron a Parisi a un quinto lugar, habiendo sido finalmente tercero en los votos.
Como las musarañas, ya a las pocas horas de la asunción de JA Kast se iniciaron los sondeos de opinión pública, y aunque ninguno supera los 200 encuestados, los llamados telefónicos al azar partieron el 12 de marzo y han continuado hasta llegar a su clímax con el anuncio de Hacienda de ser realista y no populista en el alza del precio de los combustibles, ello dada la magnitud de la crisis mundial del petróleo originada por el conflicto en Medio Oriente.
La primera medición al Gobierno, tras el discurso presidencial desde La Moneda, marcó más de un 60% de adhesión, cifra que cayó a un 47%, tras el shock por el aumento en el precio de los combustibles. Las encuestadoras se aprestan ahora a otra medición: cuánto afectó al Mandatario su negativa, dicha cara a cara a Bachelet, de apoyarla en su candidatura a la ONU: “nunca fui consultado por el anterior Gobierno, no es la única postulante latinoamericana, existen antecedentes que juegan en su contra y no hay dinero para financiar una campaña muy demandante en lo económico” justificó.
Tanto apuro de las consultoras de opinión no es más que para justificar su propia subsistencia, porque medir una gestión (cuatro años) de apenas 20 días de trabajo, no es más que darle algo de oxígeno a los odiosos y revanchistas opositores, que no hallan cómo cerrar sus heridas ni menos, limpiar sus nombres.
La izquierda derrotada explota éste, su momento, porque sabe que muy luego se conocerán las auditorías a todas las empresas del Estado, partiendo por los ministerios.
Desde su candidatura y durante su campaña, jamás Kast prometió ser populista, sino creíble y eficiente en el cumplimiento de su programa de ‘recuperación nacional’, dado el estado de postración, pobreza y podredumbre en que el progresismo dejó al país.
El populismo, según la RAE, es una “tendencia política que pretende atraer a las clases populares”. Proviene del narodnismo, un movimiento ruso del siglo XIX, derivado éste del lema “ir hacia el pueblo”.
Dicho movimiento, fortaleza del marxismo, fue válido en la medida en que subsistieron sólo dos clases sociales -los ricos y los desposeídos-, pero sucumbió con el surgimiento de una gran versatilidad de escalas poblacionales, como las hay actualmente en nuestro país. En ese marco, Kast siempre afirmó -y lo sigue haciendo- que “serviré a la gente por igual, para que a Chile le vaya bien”.
Comparativamente, y en similar período de tiempo, pero en marzo de 2022, Boric, con su compinche Giorgio Jackson, se dedicaban sólo a traspasar millones desde el Ejecutivo a la Convención Constituyente, un nido de marxistas. Cuatro años después, en el mismo lapso, Kast no ha perdido tiempo para poner en práctica sus promesas de campaña: se están construyendo las vallas y poniendo obstáculos fronterizos en el norte; se priorizó la atención de las cirugías cancerígenas en las listas de espera de la salud pública; se envió a la Justicia a un puñado de ‘servidores públicos’ que veranearon con licencias médicas falsas; se mandó al Congreso una veintena de decretos y proyectos para la seguridad ciudadana; se desafectó de la PDI a la máxima encargada de ¡Seguridad Migratoria!; se están anulando todos los procesos de regularización a ilegales; se retiró desde Contraloría el proyecto del PC de una “nueva política militar” que daba luz verde al homosexualismo en las Fuerzas Armadas; se subvencionará a taxistas y colectiveros por el alza de los combustibles; se destinaron fondos para la reconstrucción por los mega incendios de Viña y Biobío; se estableció un acuerdo con Bolivia para frenar los robos de vehículos desde Chile y se reordenarán los permisos ambientales, frenados en los últimos cuatro años, por motivos ideológicos.
Desde el primer minuto de su gestión, Kast solicitó comprensión “porque habrá que adoptar algunas medidas duras, porque estamos en la ruina”. Una de ellas es el alza de las bencinas y del kerosene, toda una carga para automovilistas y transportistas. No obstante, simultáneamente no le tocó un solo peso a la comunidad más feble, al rebajar el valor de la parafina, base del masivo tipo de calefacción.
Los trabajadores peatones tampoco verán reajustado el pasaje del transporte público, al menos, hasta diciembre. Todo un contraste con el Gobierno marxista que en sólo el 2025 aumentó cuatro veces el valor del boleto de la locomoción. Es más: Boric pudo sostener el precio de los combustibles porque giró desde la caja fiscal US$ 3.500 millones para subsidiarlos: así, a cualquiera le cuesta cero empobrecer al país y entregarlo súper endeudado.
El ajuste sin precedentes del MEPCO fue presentado por el ministro Jorge Quiroz como una de sus tantas estrategias para la reducción del descontrolado gasto fiscal originado por la laxitud de Mario Marcel y de la titular de la DIPRES. De haberse mantenido el mecanismo vigente desde 2014, el costo adicional para el Fisco sería hoy de US$ 200 millones ¡a la semana!
La campaña del terror a causa de un alza inevitable causada por una crisis mundial no va a incidir sobre quienes dieron su palabra de limpieza y resurrección de un país arruinado por una plaga de ineptos y fracasados revolucionarios. Si Boric gobernó sólo para sus progresistas, Kast y su equipo lo están haciendo para el país en su conjunto, para su desarrollo y recuperación, desde el más pobre hasta el más rico, y siempre cautelando el dinero fiscal, propiedad de quienes, día a día, pagan impuestos...
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