
Por Raúl Pizarro Rivera
Chile es un país de oportunidades…, pero casi todas desaprovechadas. Puede parecer ridículo, pero es así: siempre está al borde de concretarlas para mejor, pero termina cayendo muy feo, como ocurrió en 1970 y en 2021: ayer, profundizamos nuestro empobrecedor tercermundismo y, ahora, retrocedimos del 1 de Latinoamérica, al penúltimo lugar.
La gran ocasión de dar un salto cualitativo a la sanidad social fue el 4 de septiembre de 2022, fecha de recuerdo imborrable por lo que significó: el apabullante rechazo, y con voto voluntario, a la instalación de una Constitución marxista, discriminadora, abusiva y represora destinada a satisfacer el sueño irrealizado de Salvador Allende. La ciudadanía, atontada incluso por una propaganda arbitraria y abusiva a favor del texto sometido a votación popular, tomó una determinación tremendamente trascendental para dicho momento y para el futuro: el rotundo NO a la instauración de un Estado totalitario, dueño de todo y de todos.
Gracias a esos 8 millones de chilenos que rechazaron dicha propuesta, el Gobierno revolucionario, refundador y fraccionador del territorio, tras ese descomunal repudio ciudadano, no pareció tener otro destino que el de la claudicación.
No obstante, apareció el típico y criollísimo acobardamiento que lo echó todo a perder: políticos timoratos de centroderecha se colgaron del cuello del derrumbado Gabriel Boric para dar vuelta aquel veredicto ciudadano y convocar a un nuevo intento de Constitución, lo que jamás estuvo considerado en parte alguna. El mismísimo Mandatario y su vocera Camila Vallejo, con mucha antelación, habían anunciado públicamente que “el 4 de septiembre se cierra definitivamente el proceso constitucional”.
No se cerró. Y en refuerzo de las oportunidades perdidas, el segundo proyecto constitucional, firmemente anti marxista, increíblemente fue rechazado por la ciudadanía. Para mayor incredulidad, el socialismo se unió para que se mantuviera vigente -como hasta ahora- la Carta Fundamental que maldijeron, ultrajaron y combatieron, la aprobada en 1980 y propuesta, ni más ni menos, por Augusto Pinochet.
El que pudo ser un gran día, el 17 de diciembre de 2023, marcó un “dejar hacer” a un Gobierno doblemente derrotado y ello con las consecuencias que hoy son un lamento general.
Pero, como buen país de oportunidades, los chilenos tendrán este domingo 16 otro Día D, y no sólo para su vida política, sino para su integridad, para su decencia y, otra vez, con la esperanza inmediata de la erradicación, y ojalá para siempre, del marxismo esclavizante y abusivo. A no olvidarlo: Jeannette Jara es comunista, y eso lo dice todo. Que actúe asolapada es parte de un plan claramente malicioso.
Para lograr tal objetivo es crucial que la derecha -la única existente- no dé crédito a aparentes socios que, más temprano que tarde, arruinarán el objetivo de ‘limpieza total’. En dicho error cayeron los aliados después de su memorable Día D del 7 de junio de 1944, en Normandía, al dar cabida a los soviéticos, y poco se demoró el mundo, y en particular Europa, en pagar el costo de tan pésima decisión, aparentemente unitaria.
En días pasados surgieron voces, como la de Diego Schalper -figura promisoria en la derecha pero que se condenó por su apoyo a Boric para un segundo proceso constitucional-, proponiendo que “después del 16, todas las fuerzas de oposición sin distingos deben ponerse detrás del candidato único para la segunda vuelta”. Jamás en este proceso electoral se ha pensado, siquiera, en que ello se haga realidad, porque hay colectivos, no personas, en una postura irreversiblemente negativa a votar en la fase final por un candidato de derecha, partiendo por militantes y seguidores de una atomizada y casi inexistente “centroderecha”, la que, en rigor, es puro centro izquierdismo, formado hoy por un puñado de dirigentes RN y por ex concertacionistas asociados a la izquierda, como Demócratas y Amarillos.
Éstos invitaron al presidente de RN a Europa a una reunión con la DC alemana… (¡¡!!)
Voceros de esta peculiar alianza han expresado públicamente que “jamás votaremos por alguien de derecha” y que “preferimos perder el voto”. Aún más, haciendo gala de una histórica contradicción vital, los DC en el exilio sufragarán por una militante de la UDI y, para mayor claridad, el lenguaraz Matías Walker anunció que “hasta sufragaremos en contra en el Congreso”.
Resucitada a la fuerza, la ex Concertación, la misma que según Boric, “fue la causante de que Chile perdiera 30 años”, hoy se la disputan centristas y gobiernistas, aunque con una elocuente diferencia: así como una fracción se tomó el comando de Matthei, Jara le advirtió a otra que “no por ustedes voy a suspender mi militancia comunista”.
Lo mismo han manifestado voceros y seguidores del PDG, no así su candidato Franco Parisi, y prueba de ello es que varios de sus ex parlamentarios hoy integran el bloque de Gobierno: sus adherentes no votarán por la derecha en segunda vuelta.
Jamás las alianzas son un éxito cuando en su interior hay quienes no piensan ni actúan de modo homogéneo.
En los 50, Estados Unidos pagó caro el precio de escoger como aliados a los soviéticos. Por lo mismo, quienes hoy se han aglutinado para clausurar el ciclo marxista en Chile, deben poseer una pureza ideológica total y evitar los quinta columnas que terminan arruinándolo todo. ¡Qué mejor prueba que la de RN!: bases, militantes y adherentes están en la vereda opuesta a la de su reducido núcleo dirigencial, y entre ellos quien fuera secretario general y presidente de la colectividad.
RN puede ser salvada y ello sólo depende de la decisión que adopten, después de la derrota de Matthei, quienes corrieron arbitrariamente los límites hacia el centro DC/piñerista y, ahora, hacia la izquierda concertacionista.
Desde que emergiera el frenteamplismo asociado al comunismo, la única derecha hoy desplegada, declaró adversaria frontal a esta pandilla totalitaria, impulsora de una feroz delincuencia y renuente a proteger a la población.
No hay diálogo posible con quienes quisieron tomarse el poder a la fuerza el 19/O y, después, malamente encabezados por Boric, intentaron hacerlo a través de la matonesca Convención Constitucional.
Es ésta la postura que les ha dado crédito y réditos a quienes se atreven a desafiar, y muy de frente, al peligro y a la amenaza que hoy enfrenta el país.
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