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Osvaldo Rivera Riffo
Presidente
Fundación Voz Nacional


Cuando leo las muchas columnas de opinión, que ampliamente se distribuyen en las redes sociales, escritas en diferentes medios de comunicación o en blog personales, me pregunto ¿Cuánto esfuerzo intelectual y cuanta preocupación por alcanzar la Verdad? Y al observar y analizar las conversaciones de los chat o incluso las argumentaciones “face to face” (para estar en onda con el siutequerío imperante) asombra la falta de lectura y de análisis intelectivo para dar una opinión con criterio formado.

Una de las grandes verdades ,derivada de lo anterior, es la poca escuela de las mayorías. No digo con esto falta de instrucción, en muchos la hay, pero no es lo mismo que educación y formación cultural. Herramientas indispensables para adquirir juicio crítico y saber distinguir el bien del mal.

Lo peor que nos ha pasado en nuestra historia es que, superando muchas de las dificultades sociales, económicas: ya no existe mortalidad infantil, ya no quedan analfabetos, se ha erradicado en términos profundos la extrema pobreza, hemos acortado la brecha de la desigualdad y ha habido una movilidad social extraordinaria, fuimos empeorando la importancia de los valores trascendentes: amor, amistad, lealtad, consecuencia, dignidad, libertad, respeto, transformando día a día la vida en un correr detrás del éxito, de un buen vivir que dé status. Un individualismo ególatra y vacío cuyo paradigma y convicción de fe es el mantra “tanto tienes tanto vales” y por tanto más pesa la billetera que los sentimientos nobles.

Para todo ello hay respuestas concretas y por cierto responsables. Sin duda que los hay. Dentro de este universo de mediocres intelectuales hemos elegido a los peores para que la democracia funcione con una falsa representación del soberano pueblo. Ahí los tienen instalados en las tres instancias del poder y en cuanta obligación administrativa impone la marcha del Estado.

Entonces, como respuesta a lo que es su indecorosa vida de servicio público se han dado a la tarea de seguir engañando al pueblo con una tergiversación del lenguaje para así seguir procurandose de las prebendas que otorga el mal habido poder disfrazado de democracia.

Leí hace poco un artículo publicado en este mismo medio, escrito por Juan Pablo Zúñiga H. y me voy a permitir reproducir algunos de sus párrafos ya que explican magistralmente lo que estoy indicando en líneas superiores:

“el problema de esta nueva manera de expresarse es que apunta primero a que el emisor suene erudito. Segundo debe contener los clichés de rigor de obsoletas izquierdas. En tercer lugar, debe incorporar términos del activismo medio ambiental con que estos personajes-aunque poco les importe - al menos lingüísticamente ya están casados, y, en cuarto lugar, tienen que estar en sintonía con los requerimientos comunicacionales de las famosas identidades de género. Con ello surgen estas expresiones que ya dejan de ser vicios del lenguaje ,pasando a ser lisa y llanamente estupidez pura y dura “las y los juguetes”, “las y los establecimientos”, ”dejemos atrás el adultocentrismo e involucremos a la juventud en la toma de decisiones”, “territorios y maritorios”….la lista de estupideces dichas con seriedad señorial es larga y penosa.”

“Lamentablemente, no son pocos los que están en sintonía con tamaña epidemia de brutalidades porque les hacen total sentido. Las imitan, las amplifican y finalmente se rinden al embrujo. Un determinado señor- pues su identidad real es difícil de determinar en los ámbitos de twitter- comentaba hace unos días: “Feliz y orgulloso que estos muchachos estén a cargo del buque, podrían ser mis hijos y si cometen errores, mala cueva no más”. Ese es el ambiente mental que reina en ciertos fondos de la patria. Cuesta creer la pesadilla en la que se ha trasformado la realidad de Chile. En esto de las triquiñuelas semánticas hay algunos más osados y, en vez de sumarse al lenguaje estúpido de sus camaradas apuestan derechamente por la mentira.”

Por todo lo anterior difunda estos argumentos y refuerce, porque tenemos que recuperar definitivamente la dignidad como personas y como nación, y para ello se hace necesario que el Rechazo sea abrumador, dándole al mundo la mejor lección de verdad, bien y belleza.

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